sábado, 14 de septiembre de 2019

"Programación Orientada a Objetos - Scratch", dictado por el Centro de Investigación e Innovación Educativa de Quilmes (C.I.I.E.).



La siguiente es una animacíon creada en Scratch 2.0 cuya temática la firma de acta de nuestra independencia que se dió lugar en Tucumán el 9 de Julio de 1816.
La intención es que esta sea una muestra de un trabajo posible en el área de programación y un puntapíe para la ampliación de la trama por parte de los estudiantes.

Este proyecto es la síntesis del trabajo realizado en el curso "Programación Orientada a Objetos - Scratch" dictado por el Centro de Investigación e Innovación Educativa de Quilmes (C.I.I.E.).
Sus realizadores:
Alberini Walter
Callegari Heike
Cuadras Aguilar Facundo
Nardo Claudia
Randich Martín


EL CÓDIGO DETRÁS DEL PROCESO

Era una tarde fría de junio, nos encontrábamos en la calle Entre Ríos al 580. Esperábamos que sean las seis de la tarde, hora que una escuela prometía convertirse sutilmente en el CIIE. Éramos un grupo de estudiantes en el área de la docencia, algunos en carrera, otros ya recibidos, aunque todos en formación. Ese asunto nos hacía un poco menos ajenos; teníamos algo más en común que ser parte del sistema educativo, buscábamos seguir formándonos con nuevas experiencias y herramientas. Para algunos el camino de la formación docente encuentra en el título un estación más, pero no la última.

Una vez sentados, dispuestos a darle forma a las expectativas que teníamos, nos fuimos dando una idea más concreta de lo que con el curso nos ofrecían. La consigna fue acercarnos a la tecnología pero en un rol más activo del que generalmente acostumbramos. Es común que estemos al tanto de algunos avances desde una perspectiva superficial, como consumidores que tienen en sus manos cajas expendedoras mágicas que nos brindan resultados y nos ahorran todo un proceso de elaboración. Pero aquello que sucede en las cajas no es magia, el proceso oculto también podría ser objeto de interés. Aunque para eso deberíamos poder leer el proceso. Imagínense tener un libro y no saber leer. No entender el código alfanumérico nos condena a ver nada más que un conjunto de hojas con manchas; nos perderíamos historias, conocimientos, personas, humanidad. El curso nos invitaba ver la tecnología desde una nueva perspectiva, el mismo mundo de siempre pero interpretado con nuevos códigos. La programación se nos presentó como un lenguaje que multiplicaría las posibilidades de expresión, los terrenos de la creatividad y las oportunidades para integrar los conocimientos.



Aquellos pocos que nos conocíamos juntamos un par de mesas formando una grande, como aquellas que se suelen ver en las aulas que propician lo social. Antes de saber que íbamos a formar grupos de trabajo lo teníamos armado. La tarea era hacer un programa que fuese objeto de estudio para algún curso, real o imaginario. Debía poderse usar para fomentar la programación en la escuela desarrollando un programa que tratase un contenido disciplinar.


Empezábamos a debatir sobre las posibilidades que se nos iban presentando y cuáles de las opciones eran las más sensatas. Para algunos de nosotros todo era posible, para otros nada lo era. “Uno ve en tanto conoce, mientras no conoce solo hay ilusiones” versa una poesía tal vez jamás escrita. Ninguno de nosotros tenía en claro los límites de Scratch dado que no fueron muchas las aproximaciones que hasta entonces habíamos hecho con el programa. Con algunos ejemplos ofrecidos en el curso empezamos a esbozar una idea.

Entre vídeos en internet,  códigos de programación,  charlas, mates y risas fue surgiendo nuestro  proyecto. Cada escena que surgía animaba a la siguiente. Y cuando la tarde se hizo noche nuestros personajes tuvieron voces. Había sido un largo día de trabajo, pero estábamos motivados con el resultado.


Transcurrieron los días y así llegó rápidamente la última jornada del curso  de Scratch. Llegamos orgullosos, sabíamos que habíamos hecho un gran trabajo, o al menos para nosotros lo era. Cuando llegó el momento de mostrar lo realizado, nuestros compañeros de curso también quedaron fascinados y nos preguntaban a nosotros cómo habíamos cambiado escenarios y personajes, puesto voces y demás. ¡Si!, nos preguntaban a nosotros. Habíamos descubierto cuál era la magia del proceso interno. Ahora teníamos el libro en nuestras manos y podíamos leerlo, habíamos comprendido el proceso para descifrar su código lo que nos permitió crear casi sin límites lo que queríamos.


Este proceso no terminó en el CIIE. Era un proyecto que tenía alas, podía desplegarlas y animarse a volar. Fue así que en el acto del 9 de Julio, al son del Himno Nacional,  tras las palabras de nuestra docente de computación, se oyeron las voces de nuestros personajes y se proyectó frente a la mirada de todos nuestra animación. Puede parecer un proceso corto, pero también fue lo suficientemente largo como para que podamos hacer que pasen cosas grandiosas y nuestro logro fue resultado de los esfuerzos combinados de cada integrante. Haciendo algo que pensamos que no podíamos hacer, con grandes expectativas, curiosidad, dejando los miedos de lado y animándonos a dejarnos llevar por nuestras ideas, logramos lo que nos habíamos propuesto casi sin darnos cuenta. Encontramos un lugar donde seguir nuestra formación. Podríamos pensar que así termina nuestro recorrido en programación o que apenas comienza. Cuando de formación docente se trata, existe un comienzo pero no necesariamente un final. En el CIIE escribimos nuestro primer programa, dijimos nuestras primeras palabras en código y así ganamos otra forma de ver el mundo,  de vivir nuestra cultura, de extender más de esos puentes que nos hacen humanos.

Facundo Cuadras- Martín Randich- Claudia Nardo




No hay comentarios:

Publicar un comentario